El problema del ritmo
Una herramienta de IA puede estar disponible y en uso antes de que maduren las otras condiciones que permiten conocer sus efectos y gobernarla. La lámina recorre de izquierda a derecha los estados por los que pasa esa situación, sitúa en ellos al profesional y explica, con el dilema de Collingridge, por qué el desfase importa.
Cómo leerla
La lámina se lee de izquierda a derecha, por zonas. El eje horizontal es el tiempo desde que la herramienta está disponible; el vertical, la madurez de cada pieza. Cada curva representa una pieza y la línea discontinua, el punto en que esa pieza es suficiente: una herramienta utilizable, evidencia de impacto en pacientes, una norma aplicable o un criterio profesional compartido. Las piezas no comparten una unidad de medida, así que lo que importa no es la altura, sino cuándo cruza cada curva la línea. Esos cruces separan cuatro estados, y la distancia horizontal entre el primero y el último es la brecha de ritmo. Es el problema del ritmo, formulado para las tecnologías emergentes en general [1].
La primera zona es la más ancha y la más habitual hoy: la herramienta ya se usa y todavía no hay evidencia de impacto ni norma específica. Que existan estudios no la saca de ahí. Los estudios de rendimiento, a menudo retrospectivos, llegan pronto; la evidencia de que una herramienta mejora los resultados en pacientes tarda años.
La evidencia de impacto y la norma específica llegan en orden variable. Un producto puede autorizarse antes de que existan ensayos que demuestren su beneficio clínico, y una norma general puede llegar antes que la evidencia sobre un uso concreto. Por eso la segunda zona solo dice que llega una de las dos, no cuál.
La banda inferior explica por qué el desfase importa. Collingridge señaló que, al principio, una tecnología es fácil de cambiar pero sus efectos no se conocen, y que cuando se conocen ya está arraigada y cambiarla es caro y lento [2]. El profesional trabaja justo en el extremo de más margen para corregir y menos conocimiento. Esperar a saberlo todo no es una posición neutral, pero la lámina tampoco concluye que convenga adoptar sin más.
Los datos
- Uso. Los médicos de Estados Unidos que declaran usar IA en su trabajo pasaron del 38 % en 2023 al 66 % en 2024 y al 81 % en 2026. El dato es autodeclarado, procede de un solo país y su definición de uso incluye resumir literatura, documentar y redactar informes [3].
- Autorización sin evidencia prospectiva. De 130 dispositivos de IA autorizados en Estados Unidos, 126 se apoyaron solo en estudios retrospectivos, y ninguno de los 54 de alto riesgo en un estudio prospectivo [4]. Ilustra la segunda zona: el respaldo regulatorio llega sin la evidencia de impacto. Los ensayos aleatorizados siguen siendo pocos: 41 hasta 2021 [5] y 86 en una revisión de 2024, en su mayoría unicéntricos y centrados en el rendimiento diagnóstico [6]. Las dos revisiones usan criterios distintos y sus cifras no forman una serie.
- Norma. El Reglamento europeo de IA se aprobó en 2024 y se aplica por fases. La reforma de 2026 llevó las obligaciones de los productos del anexo I, como los sanitarios, al 2 de agosto de 2028 [7].
Gobernanza puente
La fila inferior recoge cuatro propuestas para actuar mientras dura el desfase, no remedios probados: evaluación y vigilancia continuas tras el despliegue, como las que describe la gobernanza MLOps; gobernanza local y responsabilidad profesional; derecho blando con mecanismos que aseguren su cumplimiento [8], y una norma formal que se aplique de forma escalonada. El derecho blando es ya la forma dominante de gobernar la IA: una revisión identificó 634 programas de guías, códigos y estándares [9]. Nadie ha medido que alguna de estas estrategias cierre la brecha; la lámina dice que compensan parte de ella.
Alcance
Es un esquema conceptual. Las curvas no representan datos, los límites de las zonas son aproximados y «semanas», «meses» y «años» son órdenes de magnitud orientativos. Los «17 años» que suelen citarse entre la investigación y la práctica no se sostienen como cifra, porque las estimaciones revisadas usan medidas distintas y no son comparables [10]. La lámina tampoco afirma cuánto tarda en formarse el criterio profesional; sí es frecuente que una tecnología sanitaria no llegue a adoptarse o se abandone por factores del contexto y no de la herramienta [11].
Los datos de uso y de evidencia proceden sobre todo de Estados Unidos y de dispositivos de imagen médica, y no describen la situación española.